A 100 años de la creación del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, participamos del foro “100 años de conservación en Chile”, una instancia que reunió distintas miradas para revisar los avances que ha tenido el país en materia de conservación y los desafíos que marcarán los próximos años.
Uno de los temas que se abordaron en la conversación fue la relación entre las personas y los territorios que buscamos proteger. Conservar no significa necesariamente aislar un espacio de quienes quieren conocerlo. Por el contrario: recorrerlo, entenderlo y generar un vínculo con él puede ser una de las mejores formas de ponerlo en valor y contribuir a su conservación en el tiempo.
Turismo y conservación
En este escenario, el turismo responsable puede cumplir un rol relevante. Bien gestionado, permite acercar a las personas a la naturaleza, generar oportunidades para las comunidades aledañas y convertir a los parques en espacios que también aportan al desarrollo local.
Pero para que esto ocurra se necesitan condiciones que hagan posible una visita responsable y compatible con la protección de los ecosistemas. Buenos accesos, senderos correctamente diseñados y mantenidos, infraestructura, señalización, educación ambiental, comunidades involucradas y equipos presentes en terreno son parte fundamental de esa tarea.
No se trata únicamente de abrir un espacio al público, sino de generar las condiciones necesarias para que las personas puedan conocerlo y disfrutarlo sin comprometer aquello que se busca proteger.
Consolidar lo que ya existe
Otro de los desafíos abordados fue la necesidad de fortalecer las áreas protegidas existentes.
Seguir aumentando la superficie destinada a conservación es importante, pero no suficiente si esos territorios no cuentan con planes de manejo, recursos, infraestructura o personas capaces de gestionarlos adecuadamente.
En esa línea, durante el foro se relevó especialmente el trabajo de los guardaparques. Su presencia cotidiana permite acompañar a los visitantes, mantener la infraestructura, observar lo que ocurre en el territorio y resolver situaciones que, si no son abordadas, pueden terminar generando impactos sobre los ecosistemas y la biodiversidad.
La conservación no ocurre únicamente a través de grandes decisiones institucionales, sino que también se construye todos los días en terreno.
¿Dónde están las personas?
Junto con las discusiones sobre financiamiento e institucionalidad apareció una pregunta especialmente relevante: ¿qué lugar ocupan las personas en la conservación?
En un contexto cada vez más urbano y marcado por una vida cotidiana frente a las pantallas, mantener una relación real con la naturaleza se vuelve también un desafío.
Generar oportunidades para que las personas puedan conocer estos territorios, recorrerlos, aprender sobre ellos y comprender su valor es una forma de fortalecer ese vínculo y construir una cultura de conservación que se sostenga en el tiempo.
En Outlife compartimos esa mirada. Hace 16 años trabajamos desarrollando, equipando y administrando parques y espacios outdoor, buscando generar las condiciones para que más personas puedan acercarse a la naturaleza de manera responsable y que estos espacios generen valor también para las comunidades que los rodean.
A 100 años del inicio de la historia de los parques nacionales en Chile, uno de los grandes aprendizajes parece ser justamente ese: conservar requiere protección y financiamiento, pero también gestión, infraestructura, colaboración y personas capaces de conocer y valorar aquello que queremos cuidar.