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Con 63 proyectos en el país y el mayor parque de Santiago en obras, Outlife consolida su modelo de gestión para parques

Nota en Economía y Negocios de El Mercurio, por Guillermo V. Acevedo

A diferencia de los parques nacionales que reciben miles de visitantes esporádicos y tienen una oferta hospitalaria desarrollada, los espacios naturales cerca de las ciudades carecen aún de infraestructura y organización para sus visitantes.

Allí los fundadores de Outlife vieron una oportunidad. Lo que comenzó como un fallido centro de eventos outdoor en Piedra Roja, terminó transformándose en un negocio que hoy administra parques desde Cachagua hasta Coyhaique y rentabiliza zonas donde antes había accesos ilegales y terrenos sin uso.

Diego Pereira (40) y Juan Pablo Zegers (42), ambos ingenieros civiles, fundaron Outlife en 2010. La compañía hoy suma 63 proyectos construidos y administra 11 parques en todo Chile, principalmente en sitios privados.

Las miles de personas que comenzaron a buscar espacios para caminar, pedalear o pasar tiempo en la naturaleza impulsaron el crecimiento de Outlife sobre todo tras la pandemia. Pasaron de 30.000 visitas anuales en 2015 a 350.000 en 2026 en los parques que administran.

De Aguas Claras a proyectos con CMPC y Fundación Luksic

Su primer proyecto fue un centro de eventos outdoor con canopy, senderos de caminata y escalada en Piedra Roja, pero no tuvo éxito y lo reconvirtieron con un giro a empresas.

“Fuimos buscando diferentes modelos de financiamiento. Al principio era solo cobrando una entrada, después incluimos auspicios junto a Forus —de la familia Swett—. Sebastián Swett nos acompañó desde el primer momento”.

En 2012 implementaron el parque Aguas Claras, en Cachagua. Luego vinieron otros como El Durazno —que recibe 135.000 visitas al año—, Yerba Loca o el Cerro Manquehue en la Región Metropolitana.

También construyeron y operan cuatro parques en terrenos de CMPC; tres en La Araucanía y uno en Coyhaique.

Hace poco construyeron el recién inaugurado Parque Pirinel, de la Fundación Luksic en Chanchán, Panguipulli. Son 12.000 hectáreas, 15 kilómetros de senderos y cuatro miradores abiertos al público.

Al diseñar y construir infraestructura, le dan solución a los propietarios de terrenos privados donde los visitantes entraban sin permiso.

“Los propietarios se veían ‘invadidos’ por un usuario que quería hacer deporte, pero lo hacía de forma desordenada. Entonces, el modelo primero ofrece una ayuda de ordenamiento territorial, que a su vez genera un impacto en la conservación y cuidado ambiental”, comenta Zegers.

Eventualmente puede ser un negocio, si se cobra entrada y hay consumo, pero el principal negocio de habilitar estos parques es evitar una pérdida patrimonial por el deterioro que ocasiona la entrada desordenada de las personas, daños o incluso tomas, explican los fundadores.

“Hay un ejemplo en Loncoche. Está diseñado para hacer trekking, mountain bike y una serie de deportes, pero las señoras del taller de tejido de la municipalidad se instalan en el parque a hacer su taller. No caminan ni un metro de ascenso, pero están en un ambiente natural, arreglado y bonito. Es una plataforma a la que se pueden agregar muchas capas”, agregan.

“Pasamos de un modelo de gratuidad con auspicios donde la gente accedía libremente, a luego, cuando empezó a aumentar la cantidad de visitas y empezamos a requerir más servicios operacionales de rescate, de cuidado y mantenimiento, decidimos cobrar entrada”, señalan.

Hoy la empresa se financia por dos vías: la construcción, diseño e implementación de rutas, señaléticas e instalaciones en parques, y la administración y operación de los parques.

Outlife tiene además una suscripción para socios, que pueden acceder a la red de parques que operan, mediante pago mensual.

También administran parques que son de propiedad municipal.

“Existen proyectos de destino, de periferia y de ciudad”, explican. Los primeros tienen una oferta muy desarrollada, apalancados por parques nacionales, con foco internacional y un ticket más elevado.

Sin embargo, “la habitualidad de un deportista se centra en la periferia y en la ciudad. La gente visita un parque nacional como Torres del Paine cada 5 años, o algunos una vez en su vida. Pero al cerro que te queda al lado de la casa puedes ir todos los días o quizá una vez a la semana”.

“Eso es lo que buscamos desarrollar, potenciar el boom del deporte y del tema outdoor en la periferia de los centros urbanos. Pensamos en la familia que va a hacer un asado en la zona de acceso a Yerba Loca; en el usuario común y corriente”, comenta Zegers.

Pereira explica que el consumo se produce en las zonas bajas, en áreas que integran estacionamiento, cafeterías, baños u otras instalaciones.

“Al principio teníamos un ticket promedio de $157 por visita, porque la gente iba principalmente a andar en bicicleta, pero ahora ya vamos en $1.500 por visita”. El ticket promedio creció un 800% los últimos años en los parques administrados.

Nuevo directorio y el mayor parque de Santiago

Tras 15 años de operación, con cerca de 88 empleados entre guardaparques, personal técnico y corporativo, Outlife ha consolidado su modelo y quieren “dar un salto”, afirma Diego Pereira.

Presidido por el periodista Guillermo Turner; el grupo que integran el socio de Euroamérica y Youtopia, Nicholas Davis; el exgerente general de Ebco, José Antonio Díaz; la exsubsecretaria de Turismo, Jacqueline Plass; y el director de Endeavor y fundador de Lemontech, Ignacio Canals, aporta una visión más estratégica.

El último proyecto —hoy en plena construcción— es el nuevo parque “La Calabaza”, en el camino Juan Pablo II, en el sector de Pie Andino.

Con 1.000 hectáreas es el proyecto más grande de la capital, dicen. Son tres socios que contrataron a Outlife y han invertido unas 22.500 UF (casi $1.000 millones) para habilitar rutas para ciclismo, trekking u otras prácticas deportivas, además de áreas de servicios con quinchos, miradores, estacionamientos o puntos de consumo.

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